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Me gustan los cuentos que narran historias… Esos espejos anónimos donde te reflejas. Que dan voz y figura al miedo pero que son inspiradores y te empoderan. Te liberan del miedo que te ha ido invadiendo y guiad@ por ese espejo, encuentras el camino.

Me gustan esas personas que atraviesan historias porque se atreven a liderar los cambios, encabezando la marcha, portando el estandarte, sin miedo. Son protectores y su estela es otra nueva historia que endereza la anterior, con éxito.

Hay millones de historias donde un padre o una madre, ha tomado consciencia primero y la delantera después, para abrir camino. Si te fijas bien, detrás, amarrados a su cintura, le siguen todas las inseguridades y miedos de todos los suyos. Su mentalidad es de éxito,  es la voz de la esperanza…

Quiero contarte una historia, es real aunque está narrada como un cuento y sabrás si puedes identificarlo cerca, en tu entorno.

Es un tema que siempre me atrajo, me tocó la venita, por lo difícil que entiendo que puede ser para los chicos y las familias. Entiendo que cualquier cosa que pueda contribuir a “suavizar” la comunicación y la convivencia en casa, va a ser bienvenida.

 

La historia:

En un pequeño pueblo vivía un joven llamado Lupi. Tenía 13 años

Desde pequeño era un chico muy enérgico y su imaginación no tenía límites, eso lo hacía destacar entre sus amigos.

Era creativo y, apoyándose en su imaginación, crecía divirtiendo y entreteniendo a niños y adultos.

Pero, a medida que pasaba el tiempo, iba quedando de manifiesto que su escasísima capacidad de atención le empezaba a poner las cosas difíciles en la escuela. Debido a su edad, no se le dio importancia, al principio.

Cuanto más tiempo pasaba, más acentuado quedaba. No se resolvía, solo se añadían síntomas, como su escasa capacidad para respetar normas, instrucciones, turnos… Sin organización olvidaba su mochila o material escolar, perdía cosas necesarias…

Y además de esto, su profesora empieza a observar un comportamiento impulsivo, excesivo movimiento en momentos que tocaba recogerse…

Cuando ve que esto se repite, no es casualidad, ni un día esporádico, llama a los padres de Lupi.

Se da cuenta de que se empieza a formar un pliegue donde todo deja de fluir. Siempre un pliegue emocional que dificulta la comodidad de Lupi, la alegría, todo le empieza a resultar difícil y la desmotivación y el abandono, empiezan a ser habituales.

Sabido es que ante una dificultad, y de manera pequeñita, como una hormiguita que trabaja de manera incansable, se va formando otra dificultad paralela.

Esta es emocional y va pergeñando un autoconcepto muy negativo e incluso alejado de la realidad, pero complica mucho las cosas, porque el chico es lo que percibe… Sufrimiento secundario…

 

Movidos y motivados por la conversación con la profesora, los padres de Lupi, buscan ayuda y después de informarse acuden a un neuropediatra para saber qué pasa, cómo pueden ayudar a su hijo.

Y después de conocer y reconocerlo les ofrece su diagnóstico:

Trastorno por Déficit de atención con Hiperactividad. TDAH

Les explica que se manifiesta, precisamente, en mostrar:

  • dificultades para mantener la atención,
  • un comportamiento impulsivo
  • excesivo movimiento, hiperactividad.

 

Es una condición que tiene bases genéticas y algunas teorías, ahora con base científica, apuntan a un gen adaptativo.

Afecta entre un 5 y un 10% de los niños y adolescentes.

Les explica que no es educacional, que no tienen la culpa ni Lupi, ni sus padres, es neurobiológico…

 

Con esta información decidieron que se ponían manos a la obra, a buscar todas las herramientas a su alcance para suavizar los síntomas que más molestasen a Lupi.

  • En la escuela pudieron conseguir pequeñas adaptaciones para facilitar la tarea. Mayor tiempo para terminar sus exámenes, intentar reducir distracciones en un entorno más tranquilo.
  • En casa flexibilizaron horarios, hicieron listas de rutinas estructuradas, enfocadas a estar orientadas en el tiempo. Así Lupi podía saber lo que se esperaba de él en todo momento.
  • A todo ello sumaron, con la prescripción del médico, la ayuda de un medicamento que le ayudaba en su impulsividad, y excesivo movimiento, permitiéndole concentrarse durante un tiempo mayor.
  • Fomentaron otro talento de Lupi, la pintura. Lo inscribieron en clases de acuarela. La técnica el sketching, idóneo para su TDAH

 

El apoyo emocional.

Los padres de Lupi, también escucharon al pediatra que les subrayó la importancia  de pertenecer a un grupo en el que sintieran que el apoyo de otros padres en sus circunstancias, supondría un cuidado y un apoyo emocional importante. Siempre es importante el cuidador cuidado, de lo contrario, el exceso de estar para todo y olvidarte de ti, supone siempre una carga, otro pliegue emocional.

Se sumaron a un grupo de Mindfulness, dirigido a familias con chicos TDAH, muy específico. Poder sentirse en calma y dirigirse desde ella, mejorando su comunicación y asertividad, cambió la forma de percibir lo que hasta entonces solo veían como un problema.

Poder comprender sus emociones y compartirlas fue la mejor manera de sanar ese pliegue que decíamos al principio, que nunca es solo del niño, también los padres sufren cuando algo se tuerce y la buena noticia es que sabiendo escalar tus emociones y aprender a llegar al corazón, al tuyo y al otro, en una comunicación abierta y fluida, ya estás ayudando al chico. Le estás dando un sitio tranquilo donde antes no había nada y se perdía.

Poco a poco Lupi aprendió la importancia de la comunicación abierta. Aprendió a expresar sentimientos, miedos y pedir ayuda y sus padres con la información que tenían y la relación que establecieron en sus vidas desde la calma, fueron su mejor apoyo y construyeron ese lugar seguro que todos necesitamos para prosperar. Los lazos familiares se fortalecieron.

Es una forma de avanzar, un viaje de vida donde resolvemos las necesidades que van surgiendo. El decorado cambia día a día.

Y gracias a esa atención a su diferencia, las necesidades fueron cambiando, a medida que avanzaron.

El TDAH plantea muchos desafíos pero también descubre fortalezas. Lupi aprendió que esforzarse mentalmente era como un entrenamiento, pero sin presiones, aprendiendo a llevar un orden en sus tareas, dejando a un lado, de momento, el resultado.

Sus clases de pintura le permitieron avanzar desde el placer y la diversión. Conseguir acabar esa tarea, le fue descubriendo que esa “fortaleza” solo depende de él.

Me gustan los cuentos que narran historias con final feliz.

No quiero decir que sea fácil o que no requiera esfuerzo, es un proceso y como tal hay que vivirlo.

Pero en la certeza de que siempre lo mejor está por llegar, que nada se estanca y permanece quieto. Mentalizándonos de que no se puede abandonar porque él, sin ti, está perdido…

Me gustan los cuentos que narran historias.

Y en calma, vives y te relacionas mejor

Los cuentos son historias fantásticas donde el final es feliz, son un canto a la esperanza. La realidad no es tan concentrada, suele expandirse en el tiempo y eso agota a veces. Pero la idea es que siempre hay esperanza. Y las personas que pueden mantenerse en la esperanza, no solo son más felices, están más empoderadas y mejor dirigidas hacia sus objetivos, sino que viven más.

Ya sabes: ¡Cuéntate un cuento!

 

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