Mindfulness

Un retiro es un gran contenedor…

Un retiro es un gran contenedor…  Así empezamos, no sin sorpresa, claro…

Es la primera frase que escuché al entrar en silencio… Me impactó porque no contaba con esa definición. Después la dejé pasar porque no identifiqué lo que traía detrás. 

Yo entraba con  la idea de absoluta desconexión y relax. Iba dirigida por mi mente. Ella me había hecho el planning, la expectativa y como suele pasar, las cosas luego no son lo que esperábamos. Me costó, esta vez, me costó entrar en silencio y poner calma en mi mente. Ni desconexión, ni relax… Me mantenía alerta.

Parar es un choque. La actividad frenética para conseguir dejar todo hilado, viajar muchos km para llegar a la cita, entrar con desconocidos… Todo te va llevando a un punto de descarga emocional, que solo eres capaz de percibir cuando de repente, tienes que parar, callar… Entra aquí, en silencio y tu mente sigue y sigue

El silencio es gratificante, casi balsámico, pero cuando lo alargas en el tiempo, es un torbellino. Inquieta, como perdida, ¿Qué hago ahora, yo venía a disfrutar del silencio y hoy no funciona… ¿Qué hago? ¿Cómo me dirijo…?

Observar el proceso momento a momento, ¿Qué siento ahora?, ¿Qué hay en mi mente ahora?, AHORA… para poder entrar en calma y empezar a disfrutar de la verdadera desconexión. Observar la evolución, desarrollar paciencia… Sostenerme, mantener el ánimo y la capacidad de observación en mis sensaciones, sentimientos, pensamientos…

Con buenas guías, las profesoras, íbamos entrando en diferentes prácticas de meditación, con pequeñas instrucciones a trabajar. Y es desde ahí, desde dónde se activan las emociones y creencias que actúan como obstáculos. “El retiro es un gran contenedor”

Darme cuenta de que estoy ausente, o que algo me irrita… Aprender a  sostenerlo en el tiempo, sin perderlo de vista…  Relacionarme con eso que me molesta sin caer en la intransigencia, manteniendo el equilibrio, mi centro… Despegarme de mis creencias, mirar con ojos nuevos. 

Flexibilizar la mente es un maravilloso principio, todo lo que se aleja de mi óptica, de mi forma de ver, de mi forma de mirar, estoy acostumbrada a apartarlo, a echarlo… ¿Cómo es tu silencio si dejas entrar lo que no te gusta, lo que rechazas y, en lugar de empujarlo, lo observas? ¿Cómo sería tu vida si consigues hacer eso con éxito…?

La mente de principiante, esa mirada nueva sobre lo ya conocido es difícil ejercerla, porque la experiencia nos lleva a creer que lo ya vivido te avala, te corona, y te gradúa, te titula de experto. Te lleva en volandas con el ego alimentado, a ese espacio en el que crees que triunfas porque ahí te manejas como nadie. Error!!! Cada momento es nuevo, distinto y trufado de mil variables.

 Deja de hacer, deja calar el silencio en ti y observa… Llegue lo que llegue, no tiene que ser agradable, sólo tienes que sostenerlo y observarlo, estarás desarrollando fortalezas, tu confianza y tu paciencia darán un paso de gigante, tu equilibrio aprenderá a sostenerse en las duras y en las maduras. No es fácil, por eso se entrena.

Ahí, en ese punto entendí la primera frase del inicio, entendí la finalidad del retiro. Tienes la oportunidad de vaciar, de abrir la mente a una escucha profunda en ti, y aprender a soltar. Siguiendo las instrucciones de las profesoras te ves, te descubres y palpas todas las montañas que obstaculizan tu interior y has de deshacerte de ello.

Hace su entrada triunfal el protagonista del retiro: el contenedor, tu gran aliado. Se lleva el peso de mucho poso que muchas rutas equivocadas te han dejado y las llevas en tu mochila sin saber cómo sacarlas.

El global es tan reconfortante, tan liberador… 

En el tren, de vuelta a la rutina aunque nunca será la misma.

He aprendido a hacer limpieza…

Autor

gabkikaevia@gmail.com

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mayo 2, 2021