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Esa puerta abierta…

Siempre estás inspirándome.
Me pasa siempre con las imágenes que muestran un camino, una salida. Me activan la curiosidad, con auténtica Esperanza. Es por eso que te miro, te conozco, te adivino pero siempre vuelvo.
De compañera una decoración natural. Esas hojas verdes, poderosas… El color de otras que se adivinan tras la puerta, muy abierta. Me inspira confianza, ausencia de miedo. Me atrapa:
“Hay salida, lenguaje simbólico que anima, que invita, el recorrido acaba abierto, el final es incierto pero has de recorrerlo. Tienes cancha, esos manchones en la pared en convivencia con el color, con la luz que se adivinan más atrás, al salir”
Todo eres Tú, tienes zonas oscuras, tienes luz. El equilibrio está en combinar, en ver, en no convertirte en estatua de sal al mirar atrás… La salida siempre está, el miedo impide verla, pero está… Y siempre hay LUZ
Siempre vuelvo, digo. Otras veces me dejo llevar, la imagen, el color, las plantas me llevan a ti…
Te veo con el pelo recogido en un moño blanco, la jarra en la mano, regando tus hojas de salón y cantando. Cantando esa canción que jamás volví a escuchar hasta que en la película “Titanic” los violinistas la interpretaron… Se activan, se despiertan emociones que estaban dormidas. El tiempo no ha deformado nada esas imágenes que desde niña dormían en algún desván de la memoria.
El álbum de tus fotos cobra vida cuando una imagen, un aroma, cualquier detalle invita. Se adueñan de ti por un instante. Encerradas en ti las primeras vivencias tienen un lugar de privilegio en tu lista de favoritos, son tu raíz al fin… Tú, verdadera esencia.
Cuanto en una mirada… Cuanto en una sola imagen pero todos los días, sentada frente a ti, en algún momento, paseo por tus rincones. En una sola imagen que al fondo te muestra la salida… Y hay luz.